BREVE CURSO DE FILOSOFÍA DEL DERECHO - Clase 11
Si el Bajo Imperio Romano de Occidente cayó por su propio peso, al calor de las invasiones germánicas, y en un contexto de degradación institucional al cual no es ajeno el abandono de costumbres, tradiciones y creencias que otrora habían florecido (bajo los Antoninos, especialmente), el Sacro Imperio Romano Germánico forjado por Carlomagno (coronado hacia el 800) habría también de derrumbarse para dar lugar a un desorden generalizado -en el cual no ha de faltar el ingrediente de las invasiones, esta vez la de musulmanes, normandos, eslavos y mongoles- que propiciará la conformación del orden feudal.
El desarrollo del orden feudal tiene a cristalizar una estructura rígida de relaciones que caracterizará a la composición social de la Edad Media: la clase que reza (los clérigos), la clase que defiende (la nobleza) y la clase que trabaja (los siervos). Este orden habrá de modificarse recién cuando el comercio y la industria artesanal transformen las relaciones económicas, desarrollando la vida en las ciudades, que hasta entonces eran reductos que encerraban un conglomerado de personas bajo la dirección de un jefe administrativo, militar o religioso; principalmente ciudades episcopales (conf. Le Goff, Jacques, Los intelectuales de la Edad Media, Ed. Gedisa, 1993).
Por influjo de la exportación de mercaderías al mundo musulmán, aparecen primero los puertos anexos a las ciudades episcopales o a los burgos militares. Son los embriones de las ciudades que se desarrollarán plenamente en el siglo XII. Este nuevo contexto socio-cultural dará a luz a un tipo humano singular: el intelectual. Precedido por el traductor, el clérigo errante, el goliardo, el intelectual florecerá cuando aparezcan las universidades en las ciudades.
Las universidades, sin embargo, no habrían surgido sin un contexto espiritual favorecedor del
impulso de las letras y las artes, la ciencia y la filosofía. Gracias a la contribución greco-árabe, llegan los manuscritos que habían sido llevados a Oriente en el pasado por los cristianos heréticos y los judíos perseguidos por Bizancio. Acogida en su momento por las escuelas musulmanas, receptada esta cultura en sus bibliotecas, regresarán a Occidente hacia el siglo XII. La frontera entre Oriente y Occidente es ante todo un frente militar, donde el intercambio bélico al calor del antagonismo entre Guerra Santa y Cruzada es también es el ámbito de recepción cultural que habrá de aportar a Occidente la rica y vigorosa herencia del pasado.
Gracias a las traducciones de los manuscritos -el movimiento de traductores del Colegio de Toledo, por ejemplo-, la empresa de Pedro el Venerable, entre otras aportaciones, llegan la matemática con Euclides, la medicina de Hipócrates y Galeno y la física, la lógica y la ética de Aristóteles. Llega asimismo la filosofía árabe con los textos de Averroes, Al Farabi, Avicena, la medicina con Rhazi, la aritmética con Al-Kharizmi. Y los números arábigos, así como nuevas e influyentes palabras: álgebra, cero, cifra, cheque, gabela, aduana, etc.
Mención aparte merece el fenómeno de recepción de la obra de Aristóteles, ya que la misma será la fuente donde abrevará el paradigma tomista, que dominará el horizonte del pensamiento hasta entrada la modernidad -por lo menos hasta la época de la Ilustración-. Salvador Rus Rufino, en su Estudio preliminar a la Ética a Nicómaco de Aristóteles (traducción castellana de Salvador Rus Rufino y Joaquín E. Meabe, ed. Técnos, 2009) periodiza el fenómeno de recepción de Aristóteles desagregando en primer lugar: a) la Alta Edad Media, en la cual Boecio traduce y adapta algunas obras de lógica y retórica; b) la Plena Edad Media, cuando se traducen varias obras del Corpus Aristotelicum, en el contexto de un proyecto de renovación del saber humano al que hemos aludido en parte más arriba; y finalmente, c) la Baja Edad Media, en la cual, a partir del siglo XV, a tenor del progreso de los estudios críticos y filológicos se traducen, editan y comentan nuevamente los textos aristotélicos, deviniendo la obra del Estagirita en una autoridad indiscutible.
Santo Tomás de Aquino, colacionando la herencia aristotélica, habrá de conmover el
paradigma precedente, integrando la ontología y la epistemología del Estagirita con la asimilación de platonismo y fe cristiana transmitida por San Agustín, pero con una nueva dirección que excluye la intuición intelectual desde el punto de vista del conocimiento en beneficio del punto de vista de Aristóteles, cimentado en el dispositivo de las cuatro causas (material, eficiente, formal y final). A tenor de la crítica aristotélica a la Teoría de las Ideas, Santo Tomás construye una ontología de la sustancia, del ser individual compuesto de materia y forma, definido por su quiddidad (esencia), lo cual lo determina a ser lo que es. Esta ontología sustenta metafísicamente la acción y la actividad humana a través de las nociones trascendentales de verum -orientada al juicio especulativo- y bonum -orientada al juicio práctico-. En la clase siguiente veremos con más detalle las tesis del santo de Aquino y, especialmente, las que incumben al ámbito de la filosofía jurídica.

