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7 Abril 2008

BREVE CURSO DE FILOSOFÍA DEL DERECHO - Clase 2

Cuando hablamos de filosofía, es inevitable soslayar la referencia a su origen entre los griegos de la antigüedad clásica. Nos hemos propuesto dar cuenta, en esta dirección, del pensamiento desarrollado entre dos momentos de la historia de la cultura griega: el de la filosofía cosmológica (asociada a la noción de arkhé) y el de la filosofía socrática y post-socrática (conectada con la noción de ousía) que aparecen en este orden en el desenvolvimiento de la historia de la filosofía occidental.

Arkhé significa principio o fundamento. No sabemos si el término lo utilizaron los filósofos que según Aristóteles y los doxógrafos posteriores, como Plutarco, Hipólito, Sexto Empírico o Diógenes Laercio, entre otros, afirmaron que el principio de lo real es un elemento material o si es producto de una elaboración ulterior. En cualquier caso, es la pregunta por el ser que es en sí y por si o tiene en sí mismo el fundamento (la razón de ser) de su existencia. Es el interrogante por la substancia primera. El trabajo de responderlo constituye la incumbencia de la filosofía primera (primma philosophia) o metafísica.

Suele decirse que el interrogante por la ousía es la pregunta por la esencia, por el ser de la substancia individual, por lo que es. En este sentido, la ousía es lo delimitado por el concepto o definición, que según Aristóteles, habría sido la gran contribución de Sócrates (Met. 987b).

En los diálogos de Platón, como en República, todo el Libro I trata acerca de lo que no es la justicia. En rigor, el develamiento del ser requiere todas las preguntas que sean necesarias, en principio, para mostrar lo que no es esto. Sócrates constituye un punto de inflexión en el pensamiento racional, pues conjuga razón y actitud crítica en la tarea filosófica, que a partir de entonces puede llamarse propiamente filosofía.

Se ha criticado esta identificación entre ousía y esencia, en función de que la ésta es una noción posterior a aquella. Ousía posee un abanico semántico que se despliega desde un primer sentido – de índole económico – con arreglo al cual se entiende como “respaldo financiero”, hasta el uso filosófico que le da – por ejemplo – Platón. Con arreglo a este último sentido, que es el que nos interesa, (y que no se divorcia del todo del sentido originario) ousía es la realidad que constituye el respaldo (ontológico) de la estructura lingüística que da el nombre (o universal) a las cosas. Por ejemplo: “x es un perro blanco”; “perro blanco” es el nombre de la realidad (del to on particularizado) que menta en la designación, que asignamos a “x”, que es la “cosa” o “individuo” que registramos en la experiencia concreta (Conf. Eggers Lan, Conrado, El sol, la linea y la caverna, ed. Colihue, Buenos Aires, 2000, p. 74).


Así como la pregunta por el arkhé de la realidad funda la metafísica, la pregunta por la ousía, da nacimiento a la ontología. La metafísica nace, pues, como un esfuerzo orientado a explicar la existencia de las cosas –del ente en general y en su totalidad-, es decir, de lo que me rodea y de mi mismo, en tanto formo parte de “las cosas” o - como dirían los griegos de la antigüedad – de la totalidad, de la physis.

En punto a la elucidación de la noción de physis, nos parece pertinente seguir a Martin Heidegger (Conf. Introducción a la Metafísica, ed. Nova, Buenos Aires, 1980, p. 51-54), quien pone de manifiesto la necesidad de rescatar su sentido primigenio, forjada inicialmente a caballo de una experiencia “radical del ser”, tanto poética como intelectual, llevada a cabo por los filósofos de las costas del Asia Menor (Jonia) entre los siglos VII y VI a C. Hay que despejar, de cara al tratamiento adecuado de este tópico crucial de la historia de la filosofía occidental, dos malentendidos muy corrientes: por un lado, el que – al amparo del estandarte y la ideología del progreso – ve en la filosofía cosmológica algo así como un estadio primitivo del pensar humano, propio de una mentalidad primaria y arcaica; por otro, el que exagera el “naturalismo” de los primeros filósofos, asimilándolos a los científicos de la Física actual. Tanto una como otra nos muestran una caricatura de la filosofía más antigua que solo se explica en función del sesgo moderno conforme el cual se entiende la noción de physis.

La fuente del error hermenéutico, a partir del cual el concepto de physis se traslada ya sesgado hasta nuestros días, radica en su traducción latina, natura, que significa tanto “ser nacido” como “nacimiento”, con arreglo a la cual se pierde la fuerza nominal de aquella. La recuperación del origen, en consecuencia, se impone en punto a una correcta inteligencia del sentido y el alcance del “salto (Sprung), mediante el cual el hombre cumple un cambio súbito (Albsprung) a partir del estado de seguridad de su existencia anterior” conforme el cual se echa por tierra la visión ideológica que hace de este “hombre” poco más que un primate. Es que solo mediante el “salto” - que da lugar al momento más grandioso de la historia del pensamiento humano - se pone en marcha el motor de la filosofía, al punto que podemos decir sin temor a equivocarnos, que la instancia originaria del pensar inaugura la etapa más genuinamente filosófica del hombre occidental, que culmina con Aristóteles y que hace de la filosofía posterior – hasta nuestros días – un conjunto de notas al pie de página de aquella. La significación moderna de la noción (traducida por naturaleza) - influida por la imagen de la naturaleza en la ciencia física de nuestros días -, concibe al pensamiento de los primeros filósofos como la gestación de la filosofía natural, “una representación de todas las cosas, según la cual ellas son de índole propiamente material”.


En el rescate del sentido originario del término physis, Heidegger demuestra que para el hombre griego significa “lo que sale o brota desde sí mismo” o “la fuerza imperante de lo que, al brotar, permanece”. Es decir que la physis no es una “cosa” sino un principio material: aquello de lo que surge todo y el resultado del surgir, lo que subsiste y deviene. Pero en el momento primigenio del deslumbramiento racional del ser no se acentúa la heterogeneidad del ser como problema, sino más bien el arkhé de la realidad. Será Sócrates quien –al desplazar la pregunta por el ser del plano cosmológico al antropológico –hará de la realidad particularizada el asunto por excelencia de la filosofía. Pero Sócrates no se pregunta “por las cosas del cielo” sino más bien por las “cosas humanas” – la areté propia del hombre, la realidad propia de lo humano (Conf. Strauss, Leo, La ciudad y el hombre, ed. Katz, 1era. ed., Buenos Aires, 2006, p. 35-37).

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

eliana mariel gauna

eliana mariel gauna dijo

Hola profe, soy alumna de el curso de filosofia, yo el jueves pasado falte a clases, y no hice el practico q dio; mañana tenemos clases lo puedo hacer?

desde ya muy bueno su flog..
nos sirve de mucho para el curso

14 Abril 2008 | 09:47 PM

Juan

Juan dijo

que tal doctor, soy alumno de filosofia, le dejo este video que me pareció interesante compartirlo:

http://es.youtube.com/watch?v=nxVwsKNv08Q&feature=related

hasta luego.

8 Mayo 2008 | 11:11 PM

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Sobre mí

Mi nombre es Daro Esquivel. Me dedico al ejercicio de la abogacía en Corrientes, Argentina. No sólo ejerzo la profesión, sino que además soy profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste (Jefe de Trabajos prácticos de la Cátedra de Filosofía del Derecho del Dr. Meabe). Concebí este blog como un espacio de debate sobre Derecho, pero también sobre música, cine y otros intereses. Sean bienvenidos. Creative Commons License
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