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25 Septiembre 2006

Hacia un nuevo escenario

Cuando Zenón de Citio (foto arriba) y Epicuro enseñaban en Atenas, Arcesilao se hizo cargo de la Academia. Y con él, la escuela fundada por Platón se encaminó a un nuevo rumbo intelectual. El asunto preferido de Arcesilao era el cuestionamiento del dogmatismo de los estoicos –y sobre todo, el de su jefe y fundador, Zenón- consistente en pretender establecer la verdad de algo con certeza dogmática (representación cataléptica). Con diversos argumentos trataba Arcesilao de demostrar que las representaciones falsas pueden tener las mismas características que las verdaderas. Si el sabio no puede alcanzar la epistéme, lo más digno de él es no dar su asentimiento a toda representación, pues de lo contrario corre el riesgo de caer en la opinión. De esta manera, el sabio no afirma ni niega –debe suspender su asentimiento (epokhé)- y asimismo –y fundamentalmente- debe enderezar su vida hacia lo razonable (eulógon), que es el criterio para actuar rectamente.
Lo que irritaba en realidad a Arcesilao era la arrogancia que entrañaba el ideal del sabio estoico - imperturbable e infalible, omnisapiente-. Por eso quizá no debiera considerárselo un escéptico. Muere hacia el 240 a. C. y lo suceden filósofos de los cuales apenas sabemos sus nombres. El más importante es Carnéades, quien dirigió la Academia desde la muerte de Hegesino hasta el año 137 a. C. Carnéades practica un revival de la polémica contra el estoicismo, tal como lo había hecho Arcesilao un siglo antes. Al igual que su antecesor, Carnéades afirmaba que no existen representaciones que tengan el signo característico de la verdad (representaciones catalépticas). Pero éste no ataca sólo la concepción estoica sobre la verdad o falsedad de las representaciones, sino también su dialéctica (la dialéctica estoica, claro) –considerada por los estoicos como la disciplina indispensable para distinguir lo falso de lo verdadero-.
Carnéades introduce una nueva teoría: el probabilismo. A las representaciones catalépticas y acatelépticas de los estoicos, aquél opone las probables y las no probables (o persuasivas y no persuasivas). Con base en las representaciones probables, el sabio toma sus resoluciones, tanto para obrar como para abstenerse de hacerlo y –desde luego- establece el criterio para el conocimiento de la realidad. El académico no es –como el sabio estoico- infalible; más bien es prudente, prevenido. Eso no significa que no tenga pretensiones de certeza, sino que -ante una cuestión planteada- puede afirmar la probabilidad de que sea de tal o cual manera, pero no dar su asentimiento, esto es, no afirmar que lo probable sea cierto.
Respecto del resto del pensamiento de Carnéades sabemos poco; y en principio, porque no dejó nada escrito. Respecto de su concepción del derecho natural, nos referiremos en otro momento. Acerca de sus sucesores, Clitómaco y Filón, sabemos poco y nada. En orden a éste último, parece que se mantuvo fiel a las enseñanzas de Carnéades.
A finales del helenismo se vive una suerte de cultura del comentario, del para-texto, de la discusión acerca de temas secundarios, en definitiva, de pura doxografía. Piénsese en una obra como las “Cuestiones Académicas” de Cicerón, que comenta el debate resumido más arriba y que –en líneas generales- sigue los lineamientos del probabilismo.
A la muerte de Filón, Antíoco se hace cargo de la Academia y a su muerte es sucedido por su hermano Aristo. Cicerón conoció a los tres y se hizo eco de sus doctrinas, familiarizándose con el pensamiento neoplatónico y –repito- plegándose a la concepción probabilista y antidogmática de Carnéades.
En Roma, la filosofía se recepciona gracias a la importante influencia del estoicismo de la mano de Panecio de Rodas y Posidonio. Como ya dijéramos, Cicerón se adhiere al probabilismo, aunque también se advierte en su obra la presencia del aristotelismo.
No debe pasar inadvertido al lector el hecho de que los temas que se discuten en esta etapa no tienen la profundidad, el espesor, la importancia de los interrogantes y debates desarrollados en la época clásica y ello demuestra –al menos en parte- que estamos frente a una etapa de cierre, de ocaso, del pensamiento antiguo. La recepción de las enseñanzas de los Apóstoles –sobre todo de San Pablo- en el círculo de judíos cultos helenizados de Antioquia, dará lugar, con el tiempo, a la conformación de un nuevo escenario –en los términos de Joaquín E. Meabe-: el escenario de la revelación.

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Sobre mí

Mi nombre es Daro Esquivel. Me dedico al ejercicio de la abogacía en Corrientes, Argentina. No sólo ejerzo la profesión, sino que además soy profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste (Jefe de Trabajos prácticos de la Cátedra de Filosofía del Derecho del Dr. Meabe). Concebí este blog como un espacio de debate sobre Derecho, pero también sobre música, cine y otros intereses. Sean bienvenidos. Creative Commons License
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